Una Energía Extraña

Una energia extraña

Acabábamos de llegar de Madrid en el tren Ave a Barcelona. Decidimos tomar el metro hasta plaza Cataluña. En ese instante no sabía porque sentía tanta energía. Una energía extraña.

Llegar otra vez a Barcelona me inundó de emociones. Sobre todo, de recuerdos y de experiencias que viví durante mi carrera profesional.

Me conmocionó tanto escuchar el ruido, ver la gente pasar vestidas de traje, a la gente de negocios contestar mil preguntas. Mi cabeza se había llenado de anécdotas. No era lo único que me fascinaba. Quería entender sus rumbos, sus historias. En ese instante deseaba ser parte de ese mundo.

Ya les contare en otra ocasión sobre mi carrera profesional, pero antes necesito contarles como conocí a la chica del vestido rojo.

Es muy fácil dejar a mi mente vagar y dale vuelo a mi imaginación. Mi mente iba tan rápido recreando mi viejo mundo, que me desoriente.

El Hotel Cataluña Ramblas estaba ubicado a dos cuadras de plaza Cataluña, pero en ese momento mi mente residía en mil recuerdos, en mil anécdotas que no sabía hacia donde de caminar.

Mi esposo decidió preguntar, pero todos eran turistas y los pocos que nos podían ayudar nos enviaban a otros lados. Pasamos 45 minutos vagando de un lado a otro. A mí no me importo, mi mente vagaba queriendo reconocer a alguien. Reconstruyendo anécdotas.

Todas esas experiencias me venían a mi mente. Mis pepitas de sabiduría se iluminaban dentro de mi ser.

Presentía que algo iba a suceder, pero no sabía cuándo. Nos sentamos a tomar un helado y descansar un poco. Sentía que alguien me miraba profundamente. Voltee y solo veía a varias parejas y a una mujer muy elegante con gafas obscuras.

Decidimos llamar a nuestros amigos holandeses viviendo en Barcelona y nos indicaron perfectamente cómo llegar hasta nuestro Hotel. También acordamos verlos en el lobby del hotel a las 7:00 en punto para ir a tomar unas tapas y degustar una buena copa de vino.

Al llegar al Hotel había una fila enorme para registrarnos, eran casi las 6 de la tarde. Yo ya quería llegar a mi habitación, necesitaba darme una buena ducha.

Me sorprendía que esa energía que les conté al principio se incrementara. El lobby estaba lleno, gente de negocios bien vestida. Yo revisaba a cada uno para saber de donde procedía esa energía, pero nada.

Finalmente nos entregaron las llaves y caminamos rumbo al elevador, el elevador se encontraba al final del pasillo pasando por el bar del lobby.

El bar estaba rebozando de gente de negocios, yo seguía buscando de donde venia esa energía. Miraba a todos. Trataba de escuchar sus conversaciones, en diferentes idiomas, las risas. Me sonreía con algunas personas. Revisaba sus vestimentas, el color de sus trajes, de sus vestidos, de sus bolsos, de sus zapatos.

Los ruidos, las risas, el partido de futbol en la pantalla del bar, jugaba el Barcelona contra el Real Madrid. El sonido de las copas celebrando algún contrato se estaban convirtiendo en un bullicio enorme, pero trataba de tener mente clara para encontrar la señal que estaba buscando.

Supongo que anhelaba que una de esas personas fuera la fuente de esa energía.

Durante el recorrido hacia mi habitación del hotel, la energía se iba incrementando como si alguien te llamara. Me sentía mareada, probablemente estaba cansada, ya quería llegar a mi habitación.

Mi esposo presintió enseguida que algo estaba pasando. Le sonreí y me dijo mirándome ya llegamos. La habitación 345.

Voy a recordar de contarles como conocí a Berend, mi marido, mi holandés, pero primero a la chica del vestido rojo.

La Chica del vestido rojo.

Finalmente entramos en la habitación. Una habitación moderna, como tantas que había visto en mis números viajes de negocios.

Dejamos las maletas en el piso y yo me senté en la cama. Era una cama enorme, con un buen colchón y esas sabanas de satín que son tan agradables al hacer contacto con el cuerpo. Decidí recostarme por unos momentos. Volví a sentir esa energía extraña.

No pasaron ni 10 minutos y alguien toco la puerta de la habitación, era la camarera que nos traía unos chocolates de bienvenida.

Cinco minutos mas tarde alguien mas toco la puerta de la habitación, mi esposo abrió la puerta, la energía se incrementaba, sentía que entraba a un túnel y me llamaba. Era una gerente del Hotel que nos traía otros chocolates más finos y una carta de bienvenida.

No le preste atención, supongo estaba asombrada de que la energía extraña se incrementaba.

Comente a mi esposo que no entendía porque me sentía en un túnel, pero estaba seguro de que algo iba a suceder. Decidí tomar la ducha que tanto necesitaba.

Dadas las 7:00 PM en punto el teléfono de la habitación suena, es nuestra amiga catalana casada con holandés. Vino sola, su esposo no se encuentra muy bien. Nos espera en el lobby junto al bar.

Bajamos por el ascensor, la energía cada vez era mas fuerte, realmente estaba en el túnel y me estaba llamando.

Nuestra amiga se encontraba al final del pasillo en compañía de otra mujer, con un vestido rojo muy llamativo y moderno.

Cuando nos acercamos, nuestra amiga catalana nos dijo les presento a la chica del vestido rojo. Ella es la hermana de mi nuera. Ella fue la que nos ayudo hacer su reservación porque durante la Feria de las Telecomunicaciones es muy difícil conseguir habitación en ningún hotel y menos en plaza Cataluña.

La chica del vestido rojo me puso los pelos de punta. ¿Ella será la fuente de energía, pensé en un momento? Aún no se, el lobby esta lleno y realmente no puedo saber de donde viene, mi mente sigue girando. Va al mil por hora como lo hacía años atrás.

A los pocos segundos de que la salude, le pregunte ¿Por qué te sientes triste, que te pasa? Ella me miro a mis ojos profundamente, creo que con su mirada pudiera haber tocado su corazón. Fue un contacto intenso que pocas veces se llega a tener con alguien en un primer contacto.

Y entonces la Chica del vestido rojo, con casi lágrimas en los ojos, se puso a hablar en tono discreto de que restaurantes elegantes deberíamos de visitar. Al mismo tiempo en el fondo de mi corazón sentía que tenía muchas heridas por sanar. Ella quería que olvidáramos todo y hacia un gran esfuerzo por cambiar la conversación.

Muy nerviosa sus ojos se iluminaban y me pedían ayuda. ¿Le pregunto otra vez quieres hablar? Yo sé que te puedo ayudar. Y me dice, pero vas llegando y vas a ir a cenar. Si vamos a ir a cenar, pero si tienes tiempo podemos tomar una copa en el lobby cuando yo regrese. Permaneció callada por unos segundos y respondió vale si por favor.

Y cuando volteé hacia el lobby la energía me arrebato otra vez. No estoy muy seguro de que está pasando y de donde proviene esa energía. Intento parar lo que siento, pero por alguna razón no puedo.

Poco a poco se ha convertido en una sensación positiva, podría decir una sensación con vida propia. Me empieza a gustar y me mente intenta entender estos sentimientos confusos y no puedo. Me sonrió.

La Chica del vestido rojo escribió el nombre del restaurant y como llegar hacia éste. Creo que debía olvidarme de esa energía y disfrutar el momento, la buena compañía.

Conmovida y agradecida me dice mi amiga catalana gracias por ayudarla.

Salimos del Hotel rumbo al restaurante. Había un centenar de personas en la Rambla. El clima estaba lluvioso y frio, pero la Rambla tenía su propia vida.

De repente un hombre apareció, rondaba los cuarenta años, tenia una mirada intrigante. Era un hombre bajito, si pudiera adivinar era un hombre lleno de aventuras, social. Sus mejillas rosadas. No podía ver sus ojos estaba muy obscuro. Solo sé que me intrigo.

Berend mi esposo le pregunta que pasa, y con una sonrisa afligida nos relató su petición. Mi amiga catalana pensaba que era un hombre drogadicto que simplemente buscaba dinero.

Después de varios minutos nos cuenta que su amiga que esta sentada en la terraza de un restaurante no había querido dejar el restaurante porque sabía que pasaría algo. El hombre lleno de incertidumbre nos dice que su amiga nos vio pasar hace un par de horas y que ella sintió una energía muy poderosa.

Era una joven elegante, muy bien vestida y con una sonrisa de oreja a oreja y llevaba unas gafas obscuras de ultima moda deteniendo su cabello.

El hombre encogió los hombros como descansando y nos dijo supongo que debéis de estar asombrados, pero mi amiga es una persona seria, respetuosa. Yo volteé a verla, y poco a poco sentí una tranquilidad enorme como si entrara en mi propia fabula, un fabula llena de aventuras..

Cuando llegamos a la mesa, no me lo podía creer era la misma mujer elegante de las gafas obscuras que me estaba mirando hace un par de horas cuando paramos a tomar el helado. La mujer estaba nerviosa, como si hubiera visto un fantasma.

Berend pensaba que no sería nada fuera de lo común. La mujer de las gafas obscuras se levanta y se presenta y nos dice soy Armenia estamos de visita por la feria de las telecomunicaciones y venimos de Chile.

Cuando acabo de presentarse mi mente se remoto a la ultima vez que estuve en Chile y conocí a otra Armenia. Un nombre nada común y difícil de olvidar. Solo conocía a dos personas con ese nombre una era mi tía y otra la que conocí años atrás en Chile.

Toda la energía extraña que sentía venia cargada de información que yo finalmente entendía.

Continúa……

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