Mi día perfecto

“Las gaviotas hacen su danza, suben como que quieren tocar las nubes y bajan como si quisieran besar el mar. Las olas del mar se rompen y nos deleitan con su melodía tan relajante una y otra vez. Y de la nada se escucha el canto de las diferentes aves y todas unidas complementan la danza de las gaviotas.

Me siento como si es tuviera en uno de esos tantos teatros Nacionales que he visitado por todo el mundo; Y en el momento preciso de la acción se escucha los tambores o la campanitas.

Todas las Navidades, desde muy jovencita me encanta ir al teatro y disfrutar de una buena velada. El ballet es algo que hace mi corazón palpitar y que apasiona a tal grado que casi se a convertido un hobby de cuántas veces puedo ir a disfrutar una obra de teatro en algún otro lugar del mundo.

Especialmente el Cascanueces y el Rey Ratón de (1819).
La historia nos cuenta cómo una jovencita llamada Clara ha conseguido convertirse en un raton. Y durante la trama nos va revelado como el ratón va a la guerra junto a otros juguetes con el objetivo de enfrentarse al rey ratón.

Para los amantes del ballet clásico como yo; Hoy por hoy ya es todo un clásico mundial. Está obra fue muy criticada desde su inicio. Cuando se estreno se hizo con la coreografía de Lev Ivanov y del gran Marius Petipa, y por supuesto con la música de Piotr Tchaikovski.

Mi padre que es una persona muy interesante, no nos leía libros cuando éramos pequeños el nos ponía un disco de música clásica como Tchaikovski, Vivaldi, Beethoven. Mi padre adora la música clásica. La escucha en su coche, en su oficina, en su habitación. Todas las noches nos contaba algo acerca de sus clásicos predilectos y después escuchábamos su hermosa música. Hoy por hoy también es mi música preferida.

Mi habitación era enorme con un lindo balcón y la compartia con mi hermana Lily. Teníamos dos hermosas camas con unos respaldos de caoba y unas rosas labradas a mano en el medio del respaldo. También tenía una salita con un tapiz verde seco con rosas estampado, todo muy elegante. En el medio del cuarto teníamos una consola donde mi padre nos ponía sus discos clásicos.

Años después mi padre me comentó que todo había venido de Francia.
Mi padre era amante de lo francés y había comprado las camas y todos los muebles cuando mis padres se casaron a un francés. Todo era original, clásicos estilo Luis XV. Aún existen esos respaldos en una de las bodegas de mis padres.

No creo que exista mejor manera de terminar tu día que escuchar música clásica. En mis días interminables me gusta irme más temprano a la cama y dejar la venta abierta y escuchar el sonido de las olas romper una tras otra, sentir la brisa del mar acariciando mi cuerpo y escuchar una sinfonía de Vivaldi.

Que legado tan hermoso me ha dejado mi padre.

Y ahorita está mañana estoy escuchando mi nueva música clásica que la naturaleza me brinda cada nuevo día.

Soy bendecida y muy agradecida por este hermoso legado de vida. Gracias papi, ¡Te quiero mucho!”

Adrianabebig.

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