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Tenemos el Tiempo Contado

TENEMOS EL TIEMPO CONTADO. ¿EN QUÉ LO ESTAMOS GASTANDO?

Ayer murió una compañera de Empodérate Tú Puedes.

Laura Gabriela Rojas.

Todavía me cuesta escribirlo.

Un día estaba aquí y al siguiente ya no.

Así de brutal puede ser la vida algunas veces. No avisa. No pregunta si terminamos lo que teníamos pendiente. No espera a que hagamos esa llamada, pidamos perdón, demos aquel abrazo o finalmente encontremos tiempo para las personas que decimos que son importantes.

Simplemente sucede.

Y yo sigo en shock.

Quizá porque cuando alguien muere inesperadamente ocurre algo extraño con nuestra propia percepción del tiempo. Por unos instantes desaparecen muchas de las cosas que normalmente consideramos urgentes y empezamos a verlas desde otra perspectiva.

La discusión que parecía tan importante.

El enojo que llevamos días alimentando.

La necesidad de demostrar que teníamos razón.

El mensaje que decidimos no contestar para que el otro “aprenda”.

Aquella tontería que convertimos en un problema enorme.

Las horas preocupándonos por lo que alguien dijo, por lo que alguien pensó, por quién llamó primero, quién se disculpó primero o quién tuvo la culpa.

Y entonces llega una noticia como la de ayer y pienso:

¿De verdad queremos gastar nuestra vida en eso?

Porque hay algo que sabemos intelectualmente, pero que vivimos como si no fuera cierto:

tenemos el tiempo contado.

No sabemos cuánto.

Ese es quizá el detalle que cambia todo.

Vivimos haciendo planes para el próximo mes, el próximo año, cuando termine este proyecto, cuando tengamos más dinero, cuando los hijos crezcan, cuando nos jubilemos, cuando tengamos tiempo.

Algún día voy a viajar.

Algún día voy a escribir ese libro.

Algún día voy a decirle cuánto lo quiero.

Algún día voy a dejar ese trabajo.

Algún día voy a reconciliarme.

Algún día voy a descansar.

Algún día voy a empezar a vivir como realmente quiero.

Pero “algún día” no aparece garantizado en ningún calendario.

Eso no significa vivir con miedo a morir.

Al contrario.

Significa recordar que estamos vivos.

Y quizá preguntarnos con mayor frecuencia si aquello a lo que estamos entregando nuestras horas realmente merece un pedazo de nuestra vida.

Porque el tiempo tiene una característica que el dinero no tiene: podemos perder dinero y recuperarlo. Podemos equivocarnos y comenzar nuevamente. Podemos perder muchas cosas y reconstruirlas.

Pero la hora que acaba de pasar no vuelve.

Y aun así regalamos horas enteras al resentimiento.

Días al enojo.

Semanas a preocupaciones que nunca ocurrieron.

Años sosteniendo relaciones que dejaron de hacernos bien, posponiendo conversaciones importantes o viviendo una vida que sabemos que ya no queremos porque todavía no encontramos “el momento adecuado” para cambiarla.

Tal vez por eso hoy no quiero escribir sobre productividad.

No quiero decir que aprovechemos cada minuto haciendo más cosas.

No se trata de llenar la vida.

Se trata de no desperdiciarla.

Y a veces aprovechar una tarde significa precisamente no hacer nada.

Sentarte junto a alguien que amas.

Tomarte un café sin mirar el teléfono.

Llamar a tu hermana.

Abrazar a tu madre.

Escuchar a un amigo.

Reírte hasta que te duela el estómago.

Caminar.

Mirar el mar.

Decir “te quiero” sin esperar una ocasión especial.

También significa aprender a escoger nuestras batallas.

No todo merece una respuesta.

No todo comentario merece nuestra energía.

No toda diferencia necesita convertirse en una guerra.

No siempre tenemos que ganar.

A veces tener paz vale mucho más que tener razón.

Y quizá deberíamos preguntarnos, cuando estamos a punto de entregar horas o días de nuestra vida a un enojo:

Si supiera que me queda poco tiempo, ¿seguiría siendo esto tan importante?

No para minimizar aquello que realmente duele. Hay conversaciones que debemos tener, límites que necesitamos poner y situaciones de las que debemos alejarnos.

Pero también hay demasiadas tonterías a las que entregamos una cantidad extraordinaria de vida.

La muerte tiene esa terrible capacidad de volver a poner las cosas en su tamaño verdadero.

Ayer Laura estaba.

Hoy estamos aprendiendo a hablar de ella en pasado.

Y eso duele.

Pero quizá una de las maneras de honrar a quienes se van sea permitir que su partida nos recuerde cómo queremos vivir quienes todavía estamos aquí.

Yo hoy quiero recordar esto:

Quiero decir lo que siento mientras pueda decirlo.

Quiero abrazar mientras tenga brazos.

Quiero pedir perdón cuando me equivoque y perdonar cuando sea posible.

Quiero trabajar, crear, escribir, viajar, amar, reír y también descansar.

Quiero dejar de guardar las cosas bonitas para ocasiones especiales.

Y quiero preguntarme más seguido si aquello que me está quitando la paz realmente merece minutos de una vida que no sé cuánto durará.

No sabemos cuántos días nos quedan.

Pero tenemos este.

Este día sí está aquí.

Y mientras lo tengamos, todavía podemos decidir qué hacemos con él, a quién llamamos, qué dejamos ir, qué comenzamos, qué decimos y a quién abrazamos un poco más fuerte.

Quizá mañana tengamos otra oportunidad.

Ojalá.

Pero hoy prefiero no vivir como si estuviera garantizada.

Por Laura.

Por quienes se fueron antes.

Y por nosotros, que todavía estamos aquí.

No desperdiciemos la vida esperando empezar a vivirla.

Tenemos el tiempo contado.

Hagamos que cuente.

Adriana Rodríguez | BeBig
Sé grande. Sé tú.

PD: Laura te estamos extrañando. Gracias por TODAS tus enseñanzas.

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