Vive desde la excelencia

Ya casi 40 años
Todos tenemos la capacidad de elegir cómo vivimos cada día. Podemos hacerlo desde la mediocridad o desde la excelencia.
La excelencia no comienza cuando alcanzamos una meta; comienza mucho antes. Empieza en el instante en que abrimos los ojos cada mañana. Está presente en nuestros primeros pensamientos, en la manera en que dirigimos nuestras emociones y en las palabras que elegimos para hablar con nosotros mismos y con los demás.
Vivir desde la excelencia significa actuar en coherencia con nuestros valores, honrar nuestros compromisos y caminar con intención hacia las metas que hemos decidido alcanzar.
Comienza por respetarnos. Por dar valor a nuestras ideas, a nuestros sueños y a las promesas que nos hacemos. Porque cuando dejamos de tomarnos en serio a nosotros mismos, también dejamos de avanzar.
La excelencia se construye en las pequeñas acciones diarias. En levantarnos una vez más. En dar un paso más. En seguir avanzando incluso cuando los resultados aún no son visibles.
Significa alinear el alma, el espíritu, la mente y el cuerpo para caminar en una misma dirección. Es vivir con conciencia, con presencia y con propósito.
También implica dejar de sabotearnos cada vez que aparece un obstáculo. Entender que los desafíos no llegan para detenernos, sino para mostrarnos cuánto podemos crecer.
Vivir desde la excelencia es atrevernos a decir «no» cuando algo no resuena con nuestros valores, aunque hacerlo resulte incómodo. Es elegirnos con respeto y actuar desde la autenticidad.
Todos tenemos acceso a la abundancia cuando decidimos elevar nuestros pensamientos, fortalecer nuestras acciones y asumir la responsabilidad de nuestra propia transformación. Cada decisión consciente nos acerca a una mejor versión de nosotros mismos.
Cuando te encuentres frente a una situación difícil, detente por un momento y pregúntate:
¿Qué puedo hacer hoy para crecer?
¿Qué puedo mejorar?
¿Qué decisión me acerca a la persona que deseo ser?
Las respuestas siempre estarán dentro de ti.
No permitas que el miedo a las circunstancias defina tu camino. Las circunstancias cambian. Tu capacidad para superarte también puede crecer.
Elévate.
Recuerda que la excelencia no es la perfección. Es el compromiso diario de ser un poco mejor que ayer.
La excelencia no está fuera de ti.
La excelencia eres tú.
Sé valiente.
Sé consciente.
Sé grande.
Y, sobre todo, sé tú.
Adriana Rodríguez
