Documentando mi testimonio con ORYGNtriGLP-Día 23

Sobre la foto: Me volvieron a quedar mis anillos y mis manos bronceadas por el sol.
Estuvieron guardados por un año entero.
Los anillos que llevaban un año esperando
Hoy me puse unos anillos que llevaban más de un año guardados.
No porque estuvieran pasados de moda.
No porque ya no me gustaran.
Lo guardé porque dejaron de entrar.
Un día intenté ponérmelos y simplemente no pasaron del nudillo. Lo regresé a su cajita y seguí con mi vida.
Ahí se quedaron.
Un año entero.
Hoy, casi por curiosidad, decidí probarlo nuevamente.
Y entraron.
Así de simple.
Me quedé mirando mis manos unos segundos.
No estaba viendo una joya.
Estaba viendo una señal.
Porque cuando una persona vive con inflamación durante años, muchas veces deja de notar los cambios pequeños. Se acostumbra a ellos.
Hasta que un día un vestido olvidado vuelve a cerrar.
Los cachetes empiezan a verse diferentes en las fotografías.
Los dedos recuperan su forma.
Y un anillo que pasó un año esperando en un cajón vuelve a encontrar su lugar.
La báscula podrá decir lo que quiera, aunque sí existen mejoras positivas.
Pero mis manos ya dieron su veredicto.
Algo está cambiando.
Y esta vez no es imaginación.
No son sólo los anillos.
Es el vestido. Es el chocolate que ya no me llama. Es la energía para correr en la playa. Es el hambre que ya no dirige las conversaciones. Es el capitán de los meseros preocupado porque no me termine el plato. Es la cara menos inflamada en las fotos. Ya no me dan ganas de cocinar pasta, ni arroz, ni comer pan. 🥐
Mi esposo puede estar comiendo un pan recién horneado y no me da ni curiosidad probarlo.
Cada una por separado podría ser casualidad.
Todas juntas cuentan una historia. 🌟
Y la historia es que mi cuerpo está empezando a responder de una manera diferente.
Y por eso estoy agradecida.

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