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LA VIDA NO SIEMPRE ESTÁ MÁS ADELANTE

FUERA MIEDOS: CUANDO CAMINAR DESPACIO TAMBIÉN ES AVANZAR

Vivimos como si alguien hubiera puesto un cronómetro sobre nuestra vida.

Contesta rápido.
Decide rápido.
Produce rápido.
Llega rápido.
Aprende rápido.
Supéralo rápido.

Baja de peso rápido.

Hasta descansar parece haberse convertido en otra tarea que debemos hacer eficientemente.

Y en medio de tanta prisa ocurre algo curioso:

Llegamos a muchos lugares, pero dejamos de estar presentes en ellos.

Por eso hay una práctica extraordinariamente sencilla que puede ayudarnos a recuperar algo que hemos ido perdiendo:

Caminar lentamente y observar el entorno.

No caminar para hacer ejercicio.

No caminar contando pasos.

No caminar para llegar a algún sitio.

Simplemente caminar.

CUANDO BAJAS LA VELOCIDAD, APARECE EL MUNDO y MUCHAS NUEVAS

Inténtalo alguna vez.

Camina más despacio de lo habitual.

Y observa.

El árbol que siempre estuvo ahí.

La forma de las nubes.

Una ventana abierta.

El sonido de unos pájaros.

Una flor creciendo en un lugar improbable.

El olor del café de algún sitio cercano.

Una pareja conversando.

Un perro feliz porque alguien finalmente lo sacó a pasear.

Nada de eso apareció solamente hoy.

Tú apareciste.

Estabas pasando demasiado rápido para verlo.

Quizá hacemos exactamente lo mismo con nuestra propia vida.

LA PRISA TAMBIÉN PUEDE SER UNA FORMA DE ESCAPAR

No siempre corremos porque tenemos mucho que hacer.

A veces corremos porque detenernos nos obliga a encontrarnos con nosotros mismos.

Cuando todo está ocupado, no hay demasiado espacio para pensar.

Pero cuando disminuye el ruido aparecen preguntas:

¿Estoy viviendo como quiero?

¿Esto todavía me hace feliz?

¿Por qué estoy tan cansada?

¿Qué estoy evitando?

¿Qué necesito cambiar?

¿A qué le tengo miedo?

Y quizá por eso bajar el ritmo puede resultar incómodo.

Porque el silencio no solamente nos permite escuchar a los pájaros.

También nos permite escucharnos.

¿Y QUÉ TIENE QUE VER ESTO CON EL MIEDO?

Muchísimo.

El miedo suele vivir en dos lugares:

En aquello que ya sucedió y tememos que vuelva a ocurrir,

o en aquello que todavía no ha sucedido y estamos imaginando que podría ocurrir.

Mientras tanto, nosotros estamos aquí.

Ahora.

Respirando.

Caminando.

Mirando un árbol.

Sintiendo el viento.

Escuchando nuestros propios pasos.

El presente no elimina nuestros problemas.

Pero puede devolverles su tamaño real.

Porque algunas veces no estamos reaccionando a lo que está ocurriendo.

Estamos reaccionando a todo lo que imaginamos que podría ocurrir.

NO TODO AVANCE NECESITA VELOCIDAD

Nos han enseñado que avanzar significa ir más rápido.

Yo ya no estoy tan segura.

A veces avanzar significa detenerte.

Cambiar de dirección.

Sentarte un momento.

Observar.

Preguntarte si esa montaña que llevas horas escalando es realmente la montaña que quieres subir.

Incluso dar unos pasos hacia atrás puede ser progreso si finalmente descubres hacia dónde quieres caminar.

Por eso me gusta tanto esta idea dentro de Fuera Miedos:

Caminar lentamente también puede ser un acto de valentía.

Porque eliges no obedecer automáticamente a la urgencia.

PRUÉBALO DURANTE DIEZ MINUTOS

Un día de estos, deja el teléfono guardado.

Sal a caminar.

Sin audífonos.

Sin contar pasos.

Sin pensar en cuántas calorías estás quemando.

Durante diez minutos, simplemente observa.

Busca cinco cosas que nunca habías notado.

Escucha tres sonidos.

Siente la temperatura del aire.

Mira hacia arriba.

Respira.

Y cuando tu cabeza quiera regresar a mañana, tráela suavemente a donde están tus pies.

Aquí.

Quizá no suceda nada extraordinario.

Y precisamente ahí está lo extraordinario.

LA VIDA NO SIEMPRE ESTÁ MÁS ADELANTE

Pasamos una enorme parte de nuestra existencia pensando:

Cuando termine esto…

Cuando consiga aquello…

Cuando tenga más tiempo…

Cuando resuelva este problema…

Cuando deje de tener miedo…

entonces viviré.

Pero la vida no está esperando al final de nuestra lista de pendientes.

Está sucediendo mientras caminamos hacia ellos.

Tal vez no necesitemos correr tanto para encontrarla.

Tal vez necesitemos hacer exactamente lo contrario.

Caminar un poco más despacio.

Levantar la mirada.

Observar.

Respirar.

Estar.

Porque Fuera Miedos no significa vivir sin miedo.

Significa aprender que el miedo no tiene que decidir la velocidad, la dirección ni el tamaño de nuestra vida.

Algunas veces, para volver a avanzar, lo primero que necesitamos hacer es algo aparentemente contradictorio:

ir más despacio.

Sé grande. Sé tú.

Soy Adriana Rodríguez, tu mentora de Liderazgo Consciente

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