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ABRE LAS PUERTAS DE TU CORAZÓN

ABRE LAS PUERTAS DE TU CORAZÓN

Hace nueve años publiqué una fotografía de una vieja puerta y escribí sobre ella:

“Abre las puertas de tu corazón.”

Hoy la miro de nuevo y descubro que la frase significa algo distinto.

Quizá porque nosotros también cambiamos.

Hay puertas que abrimos con facilidad.

La puerta de una nueva oportunidad.
La de un viaje.
La de un proyecto.
La de una persona que llega a nuestra vida.

Pero hay otras que mantenemos cerradas durante años.

A veces incluso ponemos un candado.

¿QUÉ ESTAMOS PROTEGIENDO?

Nos gusta pensar que cerramos puertas para protegernos de los demás.

Pero muchas veces lo que intentamos evitar es volver a sentir.

Una decepción.

Una pérdida.

Un fracaso.

Una traición.

Un adiós.

Entonces construimos una defensa y nos decimos:

“Esto no me volverá a pasar.”

Y quizá no vuelva a pasar.

El problema es que, cuando cerramos la puerta para impedir que entre el dolor, también podemos impedir que entre todo lo demás.

La alegría.

La confianza.

La sorpresa.

El amor.

La vida.

ABRIR NO SIGNIFICA OLVIDAR

Con los años he aprendido algo importante:

abrir el corazón no significa dejar de poner límites.

Puedes perdonar y alejarte.

Puedes querer a alguien y decidir que ya no debe ocupar el mismo lugar en tu vida.

Puedes agradecer una etapa y reconocer que terminó.

Puedes recordar sin regresar.

Madurar emocionalmente no consiste en vivir con todas las puertas abiertas.

Consiste en aprender cuáles abrir, cuáles cerrar y cuáles ya no necesitan candado.

TAMBIÉN HAY PUERTAS QUE SE CIERRAN SOLAS

Hay momentos en que la vida decide por nosotros.

Una etapa termina.

Una persona se va.

Un trabajo desaparece.

Los hijos crecen.

Una relación cambia.

Alguien a quien amamos deja de estar físicamente con nosotros.

Nos quedamos frente a una puerta cerrada preguntándonos por qué.

Y tardamos en comprender que no todas las puertas cerradas son castigos.

Algunas simplemente nos dicen:

por aquí ya caminaste todo lo que tenías que caminar.

Eso no borra lo vivido.

No disminuye el amor.

No convierte el pasado en un error.

Sólo significa que ahora debemos aprender a caminar de otra manera.

EL CORAZÓN TAMBIÉN TIENE BISAGRAS

Me gusta pensar que somos un poco como esa puerta de la fotografía.

El tiempo deja marcas.

La lluvia cambia la madera.

Aparecen grietas.

La pintura pierde su perfección.

Pero la puerta sigue ahí.

Y todavía puede abrirse.

Quizá eso sea la resiliencia.

No regresar a ser quien eras antes de que algo sucediera.

Sino descubrir que, después de todo lo vivido, todavía eres capaz de abrirte nuevamente a la vida.

No ingenuamente.

No olvidando.

No permitiendo cualquier cosa.

Sino con la sabiduría de quien ya sabe que amar implica riesgo, que vivir implica despedidas y que confiar nunca viene acompañado de garantías.

¿QUÉ PUERTA SIGUES MANTENIENDO CERRADA?

Tal vez hoy no necesitas hacer un gran cambio.

Quizá solamente necesitas preguntarte:

¿Qué estoy evitando sentir?

¿Qué sigo protegiendo aunque el peligro ya pasó?

¿Qué oportunidad estoy dejando afuera por miedo a volver a sufrir?

¿Qué debería dejar entrar nuevamente en mi vida?

No tienes que abrir todas las puertas de golpe.

A veces basta con quitar el candado.

Entreabrir una.

Dejar pasar un poco de luz.

Y observar qué sucede.

Porque el corazón también aprende.

También cicatriza.

También recuerda.

Pero, sobre todo, tiene una extraordinaria capacidad para volver a amar, volver a confiar, volver a emocionarse y volver a empezar.

Nueve años después, sigo creyendo en aquella frase.

Sólo que hoy añadiría algo:

Abre las puertas de tu corazón.
No porque nunca puedan volver a lastimarte,
sino porque una vida completamente protegida
también puede convertirse en una vida que dejamos de vivir.

Sé grande. Sé tú.

Soy Adriana Rodríguez, tu mentora de Liderazgo Consciente

Gracias a todos por sus mensajes de condolencias para mi madre, Oralia. Muy agradecida con cada una de ustedes.

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