Ama mientras vives y caminas por tu sendero
Los recuerdos no son un lugar para vivir
Hay recuerdos que llegan sin pedir permiso.
Una canción.
Un aroma.
Una fotografía.
Una silla vacía.
Una frase que alguien decía siempre.
Y de pronto regresamos a un momento que ya no existe.
Durante mucho tiempo pensamos que ser fuertes significa no mirar atrás. Pero el estoicismo propone algo diferente: aceptar lo que ocurrió, distinguir lo que ya no podemos cambiar y decidir qué hacemos hoy con aquello que vivimos.
Marco Aurelio escribió mucho sobre la naturaleza cambiante de la vida. Todo pasa. Nosotros también.
Eso puede parecer triste.
A mí me parece profundamente liberador.
Porque si todo cambia, entonces nuestra tarea no es detener el tiempo. Es estar presentes mientras sucede.
Hoy entiendo los recuerdos de otra manera.
Un recuerdo no tiene que convertirse en una cadena que me ate al ayer. Puede convertirse en una raíz que me recuerde de dónde vengo.
Hay personas que ya no podemos abrazar, lugares a los que quizá nunca volvamos, etapas que terminaron y versiones de nosotros mismos que dejaron de existir.
Pero haber perdido un momento no significa haber perdido lo que ese momento dejó dentro de nosotros.
Ahí está la diferencia.
El pasado ocurrió.
El recuerdo permanece.
Pero el presente todavía nos pertenece.
El estoicismo habla de aceptar aquello que no depende de nosotros y concentrar nuestra energía en aquello que sí podemos elegir.
Yo no puedo regresar el reloj.
No puedo repetir una conversación exactamente como sucedió.
No puedo impedir que algunas personas se hayan ido.
Pero sí puedo decidir qué hago con lo que me dejaron.
Puedo repetir una enseñanza.
Cocinar una receta.
Contar una historia.
Conservar una fotografía.
Escribir un libro.
Pronunciar un nombre.
O simplemente cerrar los ojos, sonreír y agradecer que aquello sucedió.
Quizá ésa sea una de las formas más hermosas de recordar: no intentar recuperar lo que fue, sino permitir que lo vivido transforme lo que todavía puede ser.
Y hay algo más.
No quiero pasar tanto tiempo guardando solo el ayer que me olvide de fabricar los recuerdos de mañana.
Porque este sábado cualquiera también será algún día una fotografía.
Esta conversación será recuerdo.
Esta comida.
Este abrazo.
Esta caminata.
La persona que hoy está sentada frente a nosotros.
Algún día diremos: ¿te acuerdas?
Por eso el estoicismo también me recuerda algo muy sencillo:
está aquí.
Mira.
Escucha.
Abraza.
Di lo que tengas que decir.
Ama mientras puedas hacerlo en presente.
Los recuerdos son maravillosos compañeros de viaje.
Sólo no debemos pedirles que conduzcan el resto de nuestra vida.
El pasado merece un lugar muy especial en nuestra historia, pero la vida continúa ocurriendo en el hoy.
Y quizá la mejor manera de honrar todo lo que hemos vivido sea precisamente ésta:
recordar con gratitud,
soltar con serenidad
y seguir viviendo con intención.
Porque no podemos elegir cuánto tiempo permanecerá algo en nuestra vida.
Pero mientras esté aquí, sí podemos elegir estar verdaderamente presentes.

Sé grande, sé tú.
Adriana Rodríguez · BeBig
