Estoicismo…
NO ELEGIMOS TODO LO QUE NOS PASA
Hay una idea del estoicismo que practico desde hace años y que también llevo a mis procesos de coaching:
No puedo controlar todo lo que me sucede.
Pero puedo trabajar en quién decido ser frente a lo que me sucede.
Parece sencillo.
No lo es.
El estoicismo nació en la antigua Grecia alrededor del siglo III a. C. y posteriormente encontró algunas de sus voces más conocidas en Séneca, Epicteto y Marco Aurelio.
Muchas veces pensamos que una persona estoica es alguien que no siente, que soporta todo sin llorar o que permanece impasible ante las dificultades.
Yo no lo entiendo así.
Para mí, el estoicismo es profundamente humano.
No pretende eliminar nuestras emociones. Nos invita a reconocerlas sin permitir que cada emoción decida por nosotros.
Y sobre todo nos plantea una división que puede cambiar nuestra manera de vivir:
¿Qué depende de mí y qué no depende de mí?
No depende de mí lo que alguien diga.
No depende de mí que una persona me quiera como yo quisiera.
No depende de mí que cambie la inflación de un país, que alguien tome otra decisión a la que yo esperaba o que la vida altere inesperadamente mis planes.
Pero mi respuesta sí me pertenece. Esa es mi responsabilidad.
Mi siguiente decisión también lo es…
Y ahí es donde comienza comienza mi libertad.
Por eso lo utilizo en mis sesiones de coaching
Cuando acompaño a una persona que está atravesando una situación difícil, hay una pregunta que hago una y otra vez:
¿Qué parte de está situación sí está en tus manos?
No pregunto qué debería hacer el otro.
Pregunto:
¿Qué puedes hacer tú?
Tal vez hablar.
Tal vez callar.
Prepararte.
Aprender.
Poner un límite.
Cambiar de estrategia.
Pedir ayuda.
Tener un plan B, C, D,..
Intentarlo nuevamente.
O reconocer que has hecho todo lo que podías hacer y dejar de invertir energía en una puerta que no depende de ti abrir o continuar por ese camino.
Eso no es resignación.
Es discernimiento.
Y para mí también es liderazgo.
Porque antes de pretender liderar un equipo, una empresa o una familia, necesitamos aprender algo mucho más difícil:
liderarnos a nosotros mismos.
Y entonces pensé en releer el libro Mil soles espléndidos
Mil soles espléndidos (A Thousand Splendid Suns) es la segunda novela del escritor afgano-estadounidense Khaled Hosseini, publicada en 2007, después de Cometas en el cielo.
La historia transcurre en Afganistán durante varias décadas de enormes transformaciones sociales y políticas, conflictos y guerra.
Pero Hosseini hace algo que me parece extraordinario.
En lugar de contarnos solamente la gran Historia, nos permite verla desde la vida cotidiana de dos mujeres: Mariam y Laila.
Dos generaciones.
Dos historias.
Dos mujeres que no eligieron gran parte de lo que les tocó vivir.
Y precisamente ahí volví a encontrar el vínculo con el estoicismo.
Porque Mil soles espléndidos no es solamente una novela sobre sufrimiento.
Es una historia sobre dignidad, amor, amistad, resistencia, sacrificio y capacidad de elección incluso cuando las opciones parecen mínimas.
Hay circunstancias en las que «NO» podemos elegir el escenario.
Pero todavía podemos elegir lo que sucede a continuación. Por ejemplo:
Cómo tratamos a otra persona.
Qué protegemos.
Qué valores conservamos.
Qué estamos dispuestos a entregar.
Qué hacemos con el pequeño espacio de libertad que todavía nos pertenece.
Y eso me parece enorme.
A veces esperamos tener control para empezar a vivir
Queremos que cambien las circunstancias.
Que alguien se disculpe.
Que llegue la oportunidad.
Que desaparezca el problema.
Que todo vuelva a estar en orden.
Y entonces actuaremos.
Pero la vida rara vez funciona así.
A veces hay que construir mientras hay incertidumbre.
Amar mientras tenemos miedo.
Decidir sin conocer todas las respuestas.
Avanzar mientras todavía duele.
El estoicismo no me promete una vida sin dificultades.
Me ofrece algo que considero mucho más valioso:
un lugar interior desde donde enfrentarlas.
Y quizá por eso sigo practicándolo.
Porque cada mañana el mundo vuelve a presentarme cosas que no controlo.
Sin embargo, yo cada mañana puedo volver a hacerme la misma pregunta:
¿Qué sí depende de mí hoy?
Ahí pongo mi energía.
Ahí pongo mi disciplina.
Ahí pongo mis decisiones.
Ahí comienza mi siguiente paso.
Porque quizá nunca tengamos control absoluto sobre nuestra historia.
Pero mientras podamos elegir nuestra respuesta, todavía tenemos algo que escribir en ella.

Sé grande, sé tú.
Adriana Rodríguez · BeBig

Gracias por la recomendación y tus planteamientos a partir de la lectura.
Magnífica invitación a reflexionar.
Gracias Adriana, eres grande 🫂🙏🥰
Te admiro mucho yo también. Gracias