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Algún día quiero brillar como ellas…

LA LUCIÉRNAGA QUE QUERÍA SER ESTRELLA

Había una vez una pequeña luciérnaga que cada noche miraba hacia el cielo.

Veía miles de estrellas y pensaba:

—Algún día quiero brillar como ellas.

Le parecían enormes, poderosas, admiradas. Todo el mundo levantaba los ojos para contemplarlas.

En cambio, a ella casi nadie la veía.

Su pequeña luz aparecía unos segundos entre los árboles y volvía a desaparecer.

Así que una noche decidió volar tan alto como pudiera.

Subió y subió intentando acercarse a las estrellas, hasta que se cansó.

Entonces escuchó una voz desde abajo.

—¡No te vayas!

Era otro animal del bosque que había perdido el camino.

—Necesito tu luz para regresar.

La pequeña luciérnaga descendió.

Voló delante de ella, iluminando apenas unos centímetros del sendero. No podía iluminar el bosque entero. Mucho menos el cielo.

Pero era suficiente.

Cuando llegaron a casa, el otro animal le dijo:

—Gracias. Sin tu luz no habría encontrado el camino.

Aquella noche nuestra luciérnaga volvió a mirar las estrellas.

Seguían siendo inmensas.

Seguían siendo hermosas.

Pero por primera vez no quiso convertirse en una de ellas.

Comprendió algo:

Las estrellas brillan para que las admiremos desde lejos; las luciérnagas pueden iluminar el camino de quien está cerca.

Y quizá ahí reside una de las grandes lecciones de nuestra vida.

Nos han enseñado a querer ser estrellas.

Queremos destacar. Ser reconocidos. Llegar más alto. Tener más seguidores. Conseguir más títulos. Que muchas personas sepan quiénes somos.

Pero pocas veces nos preguntamos:

¿A quién estoy iluminando con lo que soy en este momento?

Porque no necesitamos ser famosos para dejar huella.

Una maestra puede ser luciérnaga para una niña.

Una amiga para otra mujer.

Una madre para sus hijos.

Una líder para su equipo.

Una escritora para sus lectores.

Una palabra puede iluminar a alguien que estaba a punto de rendirse.

Y una mujer o hombre que descubre su propia luz puede ayudar a otra a descubrir la suya.

Por eso me gustan tanto las luciérnagas.

Son pequeñas.
No hacen ruido.
No necesitan reflectores.

Simplemente llevan su luz consigo.

Y cuando muchas luciérnagas se encuentran, ocurre algo maravilloso:

Ninguna necesita apagar a la otra para poder brillar.

Hoy lunes 21 de Septiembre, día internacional de la Paz, tendré el privilegio de presentar Poemas que despiertan tu poder, una antología nacida de 30 voces y muchas historias. Todas ellas ya son luciérnagas.

Hoy quiero celebrarla recordando precisamente esto:

No necesitas convertirte en estrella.
Atrévete a ser luciérnaga.

Ilumina donde estés.
Comparte lo que sabes.
Tiende la mano.
Abre camino.

Ayuda al que está a tu lado…

Porque tal vez nunca sabrás cuántas personas encontraron un poco de luz gracias a que tú decidiste no esconder la tuya.

No quiero un mundo con unas cuantas estrellas.
Quiero un mundo con millones de luciérnagas.

¿Lista para brillar? ¿Listo para brillar?

Empodérate, Tú Puedes

Adriana Rodríguez | BeBig

Sé grande. Sé tú.

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