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Documentando mi testimonio con ORYGNtriGLP-Día 122


88 días enfocándome en mi cuerpo.
34 días atravesando el duelo.
Día 122: regreso a observarlo

Mi cuerpo también vivió el duelo

El 24 de mayo decidí hacer algo que nunca había hecho de esta manera: documentar públicamente mi proceso de salud, metabolismo y transformación corporal.

No buscaba una solución milagrosa. Quería observar mi cuerpo, aprender de él y registrar lo que sucedía.

Y sucedió.

Durante las primeras semanas los cambios fueron evidentes. Para el Día 61, mi cintura —medida a la altura del ombligo— había pasado de 115 a 109 centímetros. Mi cadera, de 138 a 133. Mi pierna, de 87 a 76.

También mi rostro había cambiado.

Pero después ocurrió algo que ninguna tabla podía anticipar.

Murió mi madre

El 20 de agosto murió mi mamá.

Y mi vida cambió.

Llegaron el duelo, los viajes, el jet lag, noches casi sin dormir, cansancio, cambios de horarios, comidas diferentes, estrés y días en los que simplemente había que seguir adelante.

Yo nunca dejé de tomar mis gotas.

Esto es importante para mí porque quería saber qué pasaría si mantenía esa parte de mi rutina mientras todo lo demás alrededor se alteraba.

Hoy, 23 de septiembre, volví a sacar la cinta métrica.

Y estos son mis números. Sin esconder los que me gustan y sin esconder los que no. Zona 24 mayo Día 61 — julio 23

septiembre Cambio total

Cachetes 55 cm 52 cm 52 cm −3 cm

Cuello 42 cm 39 cm 40 cm −2 cm

Ombligo 115 cm 109 cm 115 cm 0 cm

Cadera 138 cm 133 cm 136 cm −2 cm

Pierna 87 cm 76 cm 92 cm+16 cm

Tobillo 25 cm 26 cm 26 cm +1 cm

Hay otras medidas de hoy que no aparecen en aquella tabla intermedia y, por honestidad, no las mezclo como si tuviéramos tres puntos comparables.

Lo que aprendí

La cifra que más me llamó la atención fue mi cintura:

115 → 109 → 115 cm.

Seis centímetros que había perdido regresaron.

Pero al mismo tiempo mis piernas crecieron mucho más:

87 → 76 → 92 cm.

Eso me hizo comprender algo importante: mi cuerpo no respondió de la misma manera en todas partes.

No puedo afirmar que el duelo, el cortisol o la falta de sueño hayan causado por sí solos esos seis centímetros. Una cinta métrica no puede demostrarlo. Tampoco puedo concluir que las gotas causaron las reducciones que permanecieron. Para saberlo necesitaría muchas más variables y control.

Lo que sí puedo decir es lo que ocurrió en mi caso.

Mientras mantuve las gotas, mi contexto cambió radicalmente: perdí a mi madre, dormí mal, viajé, tuve jet lag, cambiaron mis rutinas y viví semanas de enorme carga emocional.

Y mi cuerpo cambió con ese contexto.

Hoy sigo teniendo menos centímetros que al principio en varias zonas, mientras mi cintura volvió exactamente al punto de partida.

Para mí, ésa es la enseñanza.

El cuerpo no vive separado de nuestra vida

A veces queremos reducir nuestra salud a una sola cosa:

¿Qué tomaste?
¿Qué comiste?
¿Cuánto pesaste?

Pero somos mucho más complejos.

Dormimos. Viajamos. Nos cansamos. Nos estresamos. Amamos. Perdemos. Lloramos.

Y el cuerpo atraviesa todo eso con nosotros.

Por eso no voy a llamar a estos números un fracaso.

Tampoco voy a maquillarlos.

Son información.

Hoy comienzo una nueva fase, no para castigar a mi cuerpo por haber cambiado durante uno de los momentos más difíciles de mi vida, sino para observar qué sucede cuando vuelvan poco a poco el sueño, los horarios, el movimiento y la estabilidad.

Seguiré documentándolo.

Porque quizá la verdadera transformación no sea conseguir que el cuerpo nunca cambie.

Quizá sea aprender a escucharlo cuando la vida cambia.

Adriana Rodríguez

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