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Ahora yo sí creo en mi

LA CONFIANZA NO APARECE ANTES DE HACERLO. APARECE PORQUE TE ATREVISTE.

Durante años nos han dicho:

“Ten confianza en ti.”

Suena maravilloso.

Pero pocas veces nos explican cómo se construye.

Visualiza lo que quieres.
Sal de tu zona de confort.
Repite afirmaciones positivas.
Cuídate.

Todo eso puede ayudar.

Pero para mí falta una pieza fundamental:

ACCIÓN.

Porque puedes visualizar durante meses la persona que quieres ser, pero llegará un momento en que tendrás que levantarte y caminar hacia ella.

Puedes mirarte al espejo cada mañana y decir:

“Yo puedo.”

Pero la confianza empieza a cambiar de verdad cuando un día haces aquello que pensabas que no podías hacer.

Ahí aparece la evidencia.

Y nosotros necesitamos evidencia.

Lo he visto muchas veces en coaching. Personas extraordinariamente preparadas esperan sentirse seguras antes de levantar la mano, pedir una posición, cobrar lo que vale su trabajo, poner un límite, hablar frente a un grupo o comenzar algo nuevo.

Esperan que primero desaparezca el miedo.

Yo propongo exactamente lo contrario:

hazlo con miedo.

La primera vez quizá te tiemble la voz.

La segunda, un poco menos.

Después llegará un momento en que alguien te preguntará:

—¿Cómo tienes tanta confianza?

Y probablemente no habrá visto todas las veces que tuviste miedo antes de conseguirla.

La confianza funciona así.

No siempre empieza como una emoción. Muchas veces empieza como una decisión.

Decides intentarlo.

Lo haces.

Te equivocas.

Aprendes.

Lo vuelves a hacer.

Mejoras.

Un día miras hacia atrás y descubres algo maravilloso:

ya no necesitas convencerte de que puedes. Tienes pruebas de que puedes.

Hoy viví uno de esos momentos que me recuerdan por qué disfruto tanto hacer coaching.

Una persona a la que acompaño me dijo:

“Finalmente me decidí a cobrar lo que valgo.”

Había aumentado sus tarifas.

No un 10 %.

No un 20 %.

Las multiplicó por diez.

Pero lo que más me emocionó no fue el número.

Fue escuchar lo que dijo después:

“Yo tengo experiencia. Sé lo que valgo. Y mucho te lo debo a tus pláticas.”

Me dio un gusto enorme escucharlo.

No porque yo le hubiera dado confianza.

La confianza no se puede regalar.

Durante nuestras conversaciones cuestionamos creencias, miramos su experiencia desde otra perspectiva y reconocimos un valor que ya estaba ahí.

Pero la decisión final fue suya.

Se atrevió a ponerle un precio diferente a su experiencia porque primero empezó a ponerle un valor diferente dentro de sí.

Y ahí está exactamente lo que quiero decir cuando hablo de autoconfianza:

no fue el nuevo precio lo que determinó su valor. Fue reconocer su valor lo que le permitió cambiar el precio.

Hoy no escuché solamente a una persona decir que había aumentado sus tarifas.

Escuché algo mucho más importante:

“Ya sé lo que valgo.”

Y cuando alguien puede decir eso desde la experiencia, no desde el ego, algo profundo ha cambiado.

Por eso creo en visualizar.

Necesitamos saber hacia dónde queremos caminar.

Creo en salir de nuestra zona conocida, porque ahí descubrimos capacidades que permanecían dormidas.

Creo en hablarnos bien. No podemos construir una vida grande mientras todos los días nos hacemos pequeños con nuestras propias palabras.

Creo profundamente en cuidarnos. Un cuerpo agotado, una mente saturada y una vida sin espacio para nosotros mismos terminan cobrando factura.

Pero añadiría un quinto elemento a cualquier fórmula de autoconfianza:

cumple las promesas que te haces.

Si dices que vas a empezar, empieza.

Si dices que vas a poner un límite, ponlo.

Si dices que vas a dedicar una hora a tu proyecto, siéntate esa hora.

Si dices que vas a cuidarte, haz algo concreto para cuidarte.

No necesitas hacerlo perfectamente.

Necesitas empezar a demostrarte que tu palabra contigo también vale.

Para mí, ahí nace una de las formas más profundas de confianza.

No de pensar que nunca vas a equivocarte.

No de creer que sabes todas las respuestas.

Mucho menos de necesitar que los demás te digan constantemente lo maravillosa que eres.

La verdadera confianza puede decir:

“No sé exactamente cómo voy a hacerlo, pero confío en que puedo aprender.”

Eso cambia todo.

Porque entonces ya no necesitas esperar a sentirte preparada para vivir.

Visualizas.

Te cuidas.

Te hablas con respeto.

Sales de lo conocido.

Accionas.

Aprendes.

Vuelves a intentarlo.

Hasta que un día descubres que aquella versión de ti que imaginabas ya no está delante esperando que llegues.

Eres tú.

Quizá por eso una de las mejores cosas que puede conseguir un coach no es que alguien termine diciendo:

“Mi coach cree en mí.”

Sino:

“Ahora yo creo en mí.”

La confianza no consiste en eliminar todas tus dudas.

Consiste en dejar de permitir que tus dudas decidan por ti.

Adriana Rodríguez | BeBig
Sé grande. Sé tú.

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