Cuando tú vida gira sin pedir permiso
CUANDO LA VIDA CAMBIA TU AGENDA SIN PEDIRTE PERMISO
Hoy teníamos un plan.
Llegamos de Monterrey a Mérida y nuestra intención era ir a la casa de playa, resolver un par de cosas pendientes y continuar con todo lo que habíamos organizado.
Maletas listas.
Agenda mental lista.
Día prácticamente decidido.
Hasta que intentamos abrir la puerta de la cochera.
No abrió.
El carro quedó adentro.
Ahora estamos esperando al técnico eléctrico para descubrir qué pasó y resolverlo.
Por supuesto, podríamos tomar un taxi.
Pero empezamos a pensar en las distancias, los costos, el tiempo y todo lo que implicaría continuar con el plan original.
Sin embargo sucedió algo mucho más interesante que una puerta descompuesta:
cambiaron nuestras prioridades.
Lo que ayer parecía importante, hoy podía esperar.
Así de sencillo.
Y me quedé pensando:
¿Cuántas cosas en nuestra vida consideramos indispensables hasta que sucede algo que nos demuestra que no lo eran?
Esa llamada tenía que hacerse hoy.
Ese correo tenía que contestarse inmediatamente.
Tenía que asistir a esa reunión.
Tenía que terminar ese proyecto.
Tenía que resolver aquello.
Tenía que llegar.
Tenía que cumplir.
Tenía que…
Hasta que algo sucede.
Una puerta no abre.
Un vuelo se cancela.
Alguien nos necesita.
El cuerpo dice basta.
Recibimos una noticia inesperada.
Perdemos algo.
O perdemos a alguien.
De pronto aquello que ocupaba tanto espacio en nuestra cabeza pierde toda urgencia.
No cambió la cosa.
Cambió nuestra perspectiva.
Quizá ahí existe una lección que no deberíamos esperar a que la vida nos obligue a aprender.
Nos pasamos buena parte de nuestros días organizando prioridades según lo urgente, lo pendiente, lo que esperan otros o lo que nosotros mismos decidimos que “debe” hacerse.
Pero pocas veces nos detenemos a preguntar:
¿Esto es verdaderamente importante o solamente estoy acostumbrada a tratarlo como importante?
Porque hay cosas que ocupan muchísimo espacio y, sin embargo, aportan muy poco a nuestra vida.
Compromisos que ya no queremos.
Obligaciones que nosotros mismos inventamos.
Personas a las que seguimos diciendo sí cuando queremos decir no.
Metas que alguna vez tuvieron sentido, pero ya no.
Pendientes que cargamos durante meses.
Expectativas.
Culpas.
El famoso “tengo que”.
Mientras sostenemos todo eso, podemos ir dejando para después precisamente lo que sí importa.
Escucharnos.
Cuidarnos.
Dormir.
Mover nuestro cuerpo.
Estar con quienes amamos.
Disfrutar nuestra casa.
Guardar silencio.
Escribir.
Caminar.
No hacer nada durante un rato.
Preguntarnos si la vida que estamos llenando de pendientes es realmente la vida que queremos vivir.
Hoy una puerta de cochera decidió nuestra agenda.
Mañana espero que vuelva a funcionar.
Pero quizá yo no quiera volver a funcionar exactamente igual.
Porque me dejó una pregunta que pienso conservar:
Si algo inesperado sucediera mañana y esto que hoy considero urgentísimo dejara inmediatamente de importar, ¿por qué le estoy entregando tanta energía hoy?
No significa abandonar nuestras responsabilidades.
Significa aprender a distinguir.
Hay cosas urgentes.
Hay cosas importantes.
Hay cosas que hemos repetido tantas veces que terminamos creyendo que son ambas.
Soltar también es liderazgo.
Soltar una agenda.
Soltar un plan.
Soltar una expectativa.
Soltar la necesidad de controlar exactamente cómo debe desarrollarse el día.
Incluso soltar una versión de nosotros mismos que siempre tiene que estar haciendo algo.
Tal vez hoy no lleguemos a la playa cuando habíamos pensado.
Quizá algunas cosas se queden sin hacer.
Y no pasa nada.
La puerta cerrada me recordó algo que fácilmente olvidamos cuando todo funciona:
no todo lo que cabe en nuestra agenda merece un lugar en nuestra vida.
Quizá deberíamos revisar nuestras prioridades antes de que un acontecimiento inesperado lo haga por nosotros.
Preguntarnos:
¿Qué puedo soltar?
¿Qué estoy sosteniendo solamente por costumbre?
¿Qué merece realmente mi tiempo?
¿Qué parte de mí llevo demasiado tiempo dejando para después?
Porque la vida puede cambiar nuestros planes en unos segundos.
La verdadera libertad quizá comienza cuando nosotros también aprendemos a cambiarlos sin sentir que todo se derrumba.
A veces una puerta que no abre no solamente te impide salir.
También te obliga a mirar hacia adentro.
Y quizá ahí estaba lo verdaderamente importante.
Adriana Rodríguez | BeBig
Sé grande. Sé tú.

Árbol de lima. Primera cosecha. Junto al Naranjo Azul 💙
