Lo que toleras hoy puede definir tu mañana
Lo que toleras hoy puede definir tu mañana
Hay frases que parecen difíciles de comprender pero que son muy ciertas:
Lo que toleras hoy puede definir tu mañana.
No estoy hablando de volvernos intolerantes, inflexibles o incapaces de comprender a los demás. Todo lo contrario.
Comprender es necesario.
Perdonar muchas veces también.
Escuchar, observar y tratar de entender por qué alguien actúa como actúa forma parte de nuestra humanidad.
Pero comprender no significa aceptar como válido.
Esa diferencia puede cambiar una vida. Y también puede cambiar una organización.
Porque aquello que permitimos repetidamente empieza poco a poco a convertirse en nuestra nueva normalidad.
Una falta de respeto que dejamos pasar.
Una excusa que aceptamos una y otra vez.
Una promesa que nunca se cumple.
Una conducta que sabemos que está dañando al equipo, pero que evitamos enfrentar porque no queremos tener una conversación incómoda.
Un “así se ha hecho siempre” que termina matando cualquier posibilidad de innovación.
Nada de eso parece enorme cuando ocurre una sola vez.
El problema comienza cuando dejamos de verlo.
La tolerancia también educa
Durante mis años trabajando con equipos de diferentes países, culturas y formas de pensar, aprendí algo importante: las personas no solamente escuchan lo que un líder dice; observan lo que permite.
Puedes llenar una pared con los valores de la compañía.
Respeto. Integridad. Colaboración. Innovación.
Pero si alguien humilla a otra persona en una reunión y nadie dice nada, el verdadero valor que acabamos de enseñar no fue respeto.
Fue silencio.
Si alguien obtiene resultados extraordinarios tratando mal a los demás y lo premiamos porque “es nuestro mejor vendedor”, acabamos de enseñar algo mucho más poderoso que cualquier discurso:
los resultados importan más que las personas.
Y después nos preguntamos por qué cambia la cultura.
La cultura no se construye solamente con aquello que promovemos.
También se construye con aquello que toleramos.
Pero cuidado: no se trata de eliminar a quien piensa diferente
Aquí está la parte que considero más importante.
No quiero un equipo donde todos piensen como yo.
Eso sería peligrosísimo.
Quiero personas capaces de cuestionarme.
Personas que vean lo que yo no veo.
Personas de culturas, generaciones, experiencias y maneras de pensar diferentes.
Quiero que alguien pueda decirme:
“Adriana, creo que estás equivocada.”
Eso no es falta de respeto.
Eso puede ser una enorme muestra de confianza.
El problema no es la diferencia.
El problema es cuando la diferencia se convierte en desprecio.
Cuando cuestionar se convierte en humillar.
Cuando competir significa destruir.
Cuando equivocarse significa esconder.
Cuando tener poder significa dejar de escuchar.
Ahí es donde un líder necesita intervenir.
Lo que toleras se multiplica
Hay algo fascinante en los equipos humanos: observamos constantemente lo que ocurre a nuestro alrededor para entender cuáles son realmente las reglas.
Si alguien llega tarde sistemáticamente y nunca ocurre nada, otros aprenden que la puntualidad no importa.
Si alguien se apropia de las ideas de sus compañeros y recibe reconocimiento, el equipo aprende que compartir ideas puede ser peligroso.
Si alguien reconoce un error y el líder responde con curiosidad en lugar de humillación, todos aprenden que pueden hablar.
Y si una persona ayuda a otra sin esperar reconocimiento y el líder lo valora, también eso se contagia.
Por eso liderar no es solamente corregir lo malo.
Es hacer visible lo bueno.
Aquello a lo que prestamos atención crece.
También sucede en nuestra propia vida
A veces pensamos en tolerancia solamente hacia los demás, pero hay cosas que también toleramos de nosotros mismos.
Postergar eternamente algo que sabemos que queremos hacer.
Hablar con nosotros de una manera que jamás utilizaríamos con alguien que amamos.
Permanecer en lugares que ya nos quedaron pequeños.
Decir “algún día”.
Conformarnos porque cambiar da miedo.
Y quizá una de las preguntas más importantes que podemos hacernos de vez en cuando sea:
¿Qué estoy tolerando hoy que no quiero encontrar todavía en mi vida dentro de cinco años?
Esa pregunta puede incomodar.
Pero también puede abrir una puerta.
YO.M.E.R.A.™ antes de reaccionar
Y aquí encuentro nuevamente el valor de detenernos antes de actuar.
Y — Yo auténtico:
¿Qué quiero defender sin dejar de ser quien soy?
O — Observa:
¿Qué estoy permitiendo realmente? ¿Es un incidente aislado o se ha convertido en un patrón?
M — Mueve:
¿Qué necesito cambiar, conversar o colocar en otro lugar?
E — Energiza:
¿Hacia dónde quiero dirigir mi energía: al conflicto o a construir algo mejor?
R — Regula:
No pongas un límite desde la rabia. Regúlate primero. Una decisión tomada desde la claridad suele ser mucho más poderosa que una reacción tomada desde el enojo.
A — Acciona:
Haz algo. Habla. Cambia. Decide. Pon el límite. Reconoce lo bueno. Deja de alimentar aquello que sabes que no quieres multiplicar.
Porque observar sin actuar también es una decisión.
El mañana empieza mucho antes de mañana
Nos gusta pensar que el futuro llegará algún día.
Pero el futuro se está construyendo ahora mismo.
En la conversación que decidimos tener.
En el comportamiento que dejamos pasar.
En la persona a la que reconocemos.
En aquello a lo que finalmente decimos basta.
En la idea nueva a la que decidimos darle una oportunidad.
En el respeto que exigimos y, sobre todo, en el respeto que nosotros mismos demostramos.
No necesitas cambiar toda tu vida esta mañana.
Quizá solamente necesitas mirar con atención y preguntarte:
¿Qué quiero seguir cultivando?
¿Qué necesito dejar de normalizar?
¿Y qué pequeña decisión puedo tomar hoy para acercarme al mañana que realmente quiero?
Porque nuestras vidas, nuestras relaciones y nuestras organizaciones rara vez cambian de golpe.
Cambian con aquello que repetimos.
Con aquello que alimentamos.
Y también con aquello que dejamos de tolerar.
Cuida lo que permites hoy.
Puede convertirse en el mundo en el que tengas que vivir mañana.
— Adriana Rodríguez

