NO TODAS LAS PERSONAS MERECEN SEGUIR TENIENDO EL MISMO LUGAR EN TU VIDA
EREMICIÓN: CUANDO ALEJARTE TAMBIÉN ES ELEGIRTE
Hay una palabra poco conocida que me parece profundamente interesante: eremición.
Habla de retirarse gradualmente de la vida de otras personas, no necesariamente porque exista un conflicto, sino porque necesitamos espacio, silencio o simplemente estamos viviendo un cambio personal.
Y me parece una idea poderosa.
Porque llega un momento en la vida en el que comprendes que no todas las distancias necesitan una pelea.
No siempre tienes que cerrar una puerta dando un portazo.
No necesitas demostrar que alguien hizo algo malo para decidir que ya no quieres estar tan cerca.
No necesitas convertir a nadie en villano para cambiar de camino.
A veces simplemente cambias tú.
Cambian tus prioridades.
Cambian las conversaciones que quieres tener.
Cambia aquello a lo que quieres dedicar tu tiempo.
Y también cambia tu tolerancia al ruido, al drama, a las obligaciones sociales y a las relaciones que mantienes solamente porque llevan muchos años existiendo.
Durante mucho tiempo pensamos que alejarnos requiere una explicación.
Hoy pienso diferente.
Hay relaciones que no terminan. Simplemente encuentran una nueva distancia.
Puedes querer a alguien y verlo menos.
Puedes agradecer lo vivido y no querer repetirlo.
Puedes conservar un recuerdo sin conservar la misma cercanía.
Puedes dejar de participar sin estar enojada.
Puedes decir no sin escribir tres párrafos justificándolo.
Y puedes necesitar más tiempo contigo sin que eso signifique que tienes un problema con los demás.
Vivimos en una sociedad que muchas veces confunde una vida social muy ocupada con una vida plena.
Más reuniones.
Más grupos.
Más invitaciones.
Más conversaciones.
Más presencia.
Pero una agenda llena de personas no necesariamente significa una vida llena de significado.
A veces necesitamos silencio.
Nuestra casa.
Leer.
Escribir.
Pensar.
Estar con las personas que amamos.
O sencillamente no hacer nada que requiera explicar quiénes somos.
Y ese espacio no está vacío.
Está lleno de nosotros.
Con los años también he aprendido algo que utilizo mucho en coaching:
Antes de preguntarte quién debería quedarse en tu vida, pregúntate:
¿Quién soy yo cuando estoy con esa persona?
¿Puedo ser yo?
¿Salgo de ahí con energía o agotada?
¿Podemos crecer los dos?
¿Sigo ahí por cariño o solamente por costumbre?
¿Me acerco porque quiero o porque sentiría culpa si no lo hiciera?
Son preguntas incómodas.
Pero también liberadoras.
Porque madurar no consiste solamente en aprender a construir relaciones.
También consiste en aprender a encontrar la distancia correcta para cada relación.
Cerca no siempre significa amor.
Lejos no siempre significa rechazo.
Y permanecer no siempre significa lealtad.
Hay personas que merecen una silla en la primera fila de nuestra vida.
Otras estarán algunas filas atrás.
Algunas aparecerán solamente de vez en cuando.
Y otras formaron parte de un capítulo maravilloso que simplemente terminó.
No hace falta borrar el capítulo para comenzar el siguiente.
Quizá ahí está una de las grandes libertades de crecer:
No todas las despedidas necesitan palabras.
No todas las distancias nacen del enojo.
Y no todas las personas que dejamos atrás hicieron algo malo.
A veces simplemente estamos haciendo espacio.
Para una nueva etapa.
Para nuevas personas.
Para nuevos sueños.
Y, sobre todo, para la persona en la que nos estamos convirtiendo.
Alejarte sin odio también puede ser amor.
Amor por lo que fue.
Respeto por lo que ya no es.
Y amor propio suficiente para reconocer cuándo necesitas continuar caminando.
No siempre tienes que irte de alguien.
A veces simplemente necesitas regresar a ti.

Adriana Rodríguez | BeBig
Sé grande. Sé tú.
PD:
Alejarte sin pelear, sin odiar y sin sentir culpa también puede ser una forma de crecer.
