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¿Qué ocurre con las personas cuando yo entro en la habitación?

TU PRESENCIA TIENE UNA FRECUENCIA

Hay personas que entran en una habitación y, sin haber dicho una palabra, algo cambia.

No necesariamente son las más importantes.

Ni las que tienen el cargo más alto.

Ni las más elegantes.

Ni las que hablan más fuerte.

Simplemente se sienten.

Y también ocurre lo contrario.

Hay personas cuya llegada pone tensión en el ambiente. Antes incluso de saber qué sucede, percibimos que algo cambió.

Por eso me hizo pensar esta frase:

“Tu presencia tiene una frecuencia.”

No hablo necesariamente de algo místico.

Hablo de aquello que transmitimos incluso cuando no estamos intentando comunicar nada.

ENTRAMOS A LOS LUGARES ANTES QUE NUESTRAS PALABRAS

Nuestra presencia comunica.

La forma en que miramos.

Cómo escuchamos.

La velocidad con la que hablamos.

Si interrumpimos.

Si estamos realmente presentes o mirando constantemente el teléfono.

Si hacemos sentir importante a la persona que tenemos delante.

Si llegamos con curiosidad o con prejuicios.

Si traemos calma o ansiedad.

Todo eso entra en una habitación con nosotros.

Y muchas veces los demás lo perciben antes de que pronunciemos la primera palabra.

HAY PERSONAS QUE TE EXPANDEN

Seguramente conoces alguna.

Después de conversar con ella te sientes un poco mejor.

Más tranquila.

Más capaz.

Más optimista.

No necesariamente porque haya solucionado tu problema.

Quizá simplemente te escuchó.

Te hizo una buena pregunta.

Se rio contigo.

Te recordó algo que habías olvidado de ti.

Hay personas que tienen esa capacidad extraordinaria:

no necesitan ocupar todo el espacio para transformar el espacio.

Y esa, para mí, es una forma preciosa de influencia.

TAMBIÉN EXISTE LA FRECUENCIA DEL LIDERAZGO

En liderazgo esto se vuelve todavía más evidente.

Imagina a una directora entrando a una reunión.

Si llega irritada, todos comienzan a medir sus palabras.

Si ridiculiza una idea, probablemente escuchará menos ideas la próxima vez.

Si busca culpables cuando algo falla, los problemas empezarán a esconderse.

Pero si pregunta antes de juzgar, escucha antes de decidir y puede reconocer cuando se equivoca, sucede algo diferente.

Las personas hablan.

Proponen.

Preguntan.

Se atreven.

El comportamiento del líder se convierte poco a poco en el clima emocional del equipo.

Por eso siempre me ha parecido insuficiente preguntarnos:

¿Qué resultados estoy consiguiendo?

También deberíamos preguntarnos:

¿Qué ocurre con las personas cuando yo entro en la habitación?

TU ENERGÍA TAMBIÉN SE CONTAGIA

Todos tenemos días malos.

No se trata de convertirnos en personas artificialmente positivas que sonríen mientras todo se está cayendo.

Eso tampoco es autenticidad.

Podemos estar cansados.

Tristes.

Preocupados.

Enojados.

Podemos decir:

“Hoy no estoy teniendo un buen día.”

La diferencia está en comprender que sentir una emoción y descargarla sobre los demás son dos cosas distintas.

No siempre podemos elegir lo que sentimos.

Pero sí podemos aprender a responsabilizarnos de lo que hacemos con ello.

ANTES DE ENTRAR, PREGÚNTATE

Antes de una reunión.

Antes de entrar a casa.

Antes de una conversación difícil.

Antes de sentarte frente a alguien que necesita hablar contigo.

Haz una pequeña pausa.

Y pregúntate:

¿Qué quiero traer conmigo a este espacio?

Calma.

Curiosidad.

Alegría.

Firmeza.

Escucha.

Compasión.

Claridad.

No necesitas fingir ninguna de ellas.

Simplemente decidir desde qué lugar quieres presentarte.

TAMBIÉN DEBEMOS CUIDAR LO QUE DEJAMOS ENTRAR

Porque nuestra presencia no se construye únicamente desde dentro.

También se alimenta de aquello que consumimos.

Las conversaciones que tenemos.

Las personas con quienes pasamos tiempo.

Lo que leemos.

Lo que vemos durante horas en una pantalla.

Las ideas que repetimos.

Los ambientes en los que permanecemos.

Todo deja algo.

Por eso cuidar nuestra energía también significa elegir conscientemente aquello a lo que damos acceso.

¿QUÉ DEJAS CUANDO TE VAS?

Esta quizá sea la pregunta que más me gusta.

No:

¿Qué pensaron de mí?

Sino:

¿Cómo se sintieron después de estar conmigo?

¿Más pequeños?

¿Más inseguros?

¿Más tensos?

¿O quizá un poquito más capaces?

Más escuchados.

Más tranquilos.

Más libres para ser ellos mismos.

Porque nuestra presencia puede durar cinco minutos y, sin embargo, dejar algo durante mucho más tiempo.

Al final, quizá esa sea nuestra verdadera frecuencia.

No una vibración invisible.

Sino la huella emocional que dejamos en los lugares y en las personas que tocamos.

Así que hoy no pienses solamente en lo que vas a hacer.

Pregúntate también:

¿Cómo quiero estar mientras lo hago?

Porque antes de tus palabras, antes de tus títulos y antes de tus resultados…

ya llegó tu presencia.

Procura que deje algo bueno.

Sé grande. Sé tú.

Soy Adriana Rodríguez, tu mentora de Liderazgo Consciente.

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