NO TODOS LOS QUE TE ACOMPAÑAN SON AMIGOS
EL VALOR DE UN AMIGO NO SE DESCUBRE CUANDO LO NECESITAS
Vi una frase que decía:
“El amigo debe ser como el dinero; antes de necesitarlo, es necesario saber su valor.”
Y me hizo pensar.
Porque solemos decir que los verdaderos amigos aparecen en los momentos difíciles.
Pero quizá llegamos demasiado tarde cuando esperamos una crisis para descubrir quiénes son.
La amistad se reconoce mucho antes.
Está en quien pregunta cómo estás cuando no necesita nada.
En quien celebra sinceramente cuando te va bien.
En quien puede decirte una verdad incómoda sin humillarte.
En quien conoce tus defectos y no los utiliza contra ti.
En quien puede pasar meses lejos y, cuando vuelves a encontrarte, la conversación continúa como si hubiera quedado suspendida apenas ayer.
NO TODOS LOS QUE TE ACOMPAÑAN SON AMIGOS
A lo largo de la vida conocemos cientos, quizá miles de personas.
Compañeros de escuela.
Colegas.
Vecinos.
Clientes.
Jefes.
Personas con quienes viajamos, trabajamos o compartimos alguna etapa.
Algunas permanecen.
Muchas desaparecen.
Y está bien.
No todas las personas que entran en nuestra vida tienen que quedarse para siempre.
Hay relaciones que pertenecen a una etapa determinada. Cumplieron una función, compartieron un pedazo del camino y después cada uno continuó en una dirección diferente.
El problema comienza cuando confundimos proximidad con amistad.
Trabajar todos los días con alguien no necesariamente lo convierte en amigo.
Hablar constantemente tampoco.
Tener cientos o miles de contactos en las redes sociales, mucho menos.
La amistad necesita algo que ningún algoritmo puede fabricar:
reciprocidad.
LA AMISTAD TAMBIÉN SE DEMUESTRA CUANDO TE VA BIEN
Curiosamente, algunas amistades sobreviven mejor a nuestras desgracias que a nuestros éxitos.
Hay personas capaces de consolarnos cuando caemos, pero incómodas cuando comenzamos a volar.
Por eso existe otra prueba silenciosa de la amistad:
¿Quién puede alegrarse genuinamente de tu felicidad?
Quién celebra tu nuevo trabajo.
Tu libro.
Tu proyecto.
Tu amor.
Tu recuperación.
Tu oportunidad.
Tu crecimiento.
Sin compararse.
Sin competir.
Sin preguntarse por qué tú y no él.
Un verdadero amigo no necesita disminuir tu luz para sentirse más brillante.
PERO HAY OTRA PARTE DE LA HISTORIA
Es muy fácil preguntarnos:
¿Quiénes son mis verdaderos amigos?
Hay una pregunta bastante más difícil:
¿Para quién estoy siendo yo una verdadera amiga?
Porque queremos que nos llamen, pero ¿llamamos?
Queremos que nos escuchen, pero ¿escuchamos?
Queremos compañía cuando tenemos miedo, pero ¿aparecemos cuando otro la necesita?
Queremos que celebren nuestros triunfos, pero ¿celebramos los suyos sin competir?
La amistad no es una cuenta bancaria de favores.
Pero sí necesita depósitos.
Tiempo.
Presencia.
Conversaciones.
Risas.
Perdón.
Paciencia.
Pequeños mensajes que dicen:
“Me acordé de ti.”
LOS AMIGOS TAMBIÉN ENVEJECEN CON NOSOTROS
Con los años he comprendido que una de las mayores riquezas de la vida no es solamente conservar recuerdos.
Es tener a alguien que también los recuerde.
Alguien que pueda decir:
“Yo estaba ahí.”
Que conoció una versión de ti que ya no existe.
Que recuerda tus sueños antes de que se cumplieran.
Que estuvo cuando todavía estabas tratando de descubrir quién querías ser.
Esas personas se convierten, de alguna manera, en guardianes de pequeños fragmentos de nuestra historia.
Y nosotros de la suya.
Eso tiene un valor enorme.
TAL VEZ HOY SEA UN BUEN DÍA
No para preguntarte quién estará contigo cuando todo salga mal.
Sino para pensar en las personas que ya han estado contigo cuando nada estaba mal.
Las que simplemente permanecieron.
Piensa en una.
Esa persona que quizá hace tiempo no escuchas.
No esperes a necesitarla.
Escríbele.
Llámala.
Invítala a tomar un café.
Dile algo que con frecuencia suponemos que los demás ya saben:
“Gracias por estar en mi vida.”
Porque algunas de las cosas más valiosas que tenemos las cuidamos precisamente porque sabemos cuánto valen.
Con la amistad debería suceder lo mismo.
No esperemos a necesitar a nuestros amigos para descubrir su valor.
Y, sobre todo, procuremos vivir de tal manera que algún día alguien pueda decir exactamente lo mismo de nosotros.
Sé grande. Sé tú.
Soy Adriana Rodríguez tu mentora de Liderazgo Consciente.

