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NO TE JUZGUES POR UN SOLO DÍA

HAY DÍAS PARA MOVER MONTAÑAS… Y DÍAS PARA SIMPLEMENTE RESPIRAR

Hay días en los que despiertas y parece que puedes con el mundo.

Tienes energía.

Ideas.

Resuelves problemas.

Tomas decisiones.

Terminas aquello que llevabas semanas posponiendo.

Avanzas.

Y al final del día miras hacia atrás y piensas:

Hoy moví una montaña.

Pero hay otros días en los que levantarte de la cama ya parece una montaña.

Y esos días también cuentan.

NO SOMOS MÁQUINAS

Nos hemos acostumbrado a medir nuestros días por lo que producimos.

¿Cuánto hiciste?

¿Cuánto avanzaste?

¿Cuántos pendientes eliminaste?

¿Cuánto vendiste?

¿Cuántos kilómetros caminaste?

¿Cuántas páginas escribiste?

Y poco a poco podemos caer en una trampa peligrosa:

confundir productividad con valor personal.

Si hice mucho, tuve un buen día.

Si hice poco, desperdicié el día.

Pero la vida no funciona así.

Hay días para correr y días para caminar.

Días para construir y días para observar.

Días para hablar y días para permanecer en silencio.

Días para cuidar a otros y días en los que necesitamos que alguien nos cuide a nosotros.

Y también existen días en los que simplemente necesitamos descansar.

EL DESCANSO TAMBIÉN FORMA PARTE DEL CAMINO

Mira la naturaleza.

Un árbol no produce frutos los doce meses del año.

Hay temporadas en las que florece.

Otras en las que da frutos.

Y otras en las que parece no estar haciendo absolutamente nada.

Pero debajo de la tierra siguen ocurriendo cosas.

Las raíces continúan ahí.

La vida continúa ahí.

Nosotros también tenemos estaciones.

El problema es que queremos vivir permanentemente en primavera.

Queremos florecer siempre.

Producir siempre.

Crecer siempre.

Estar motivados siempre.

Pero quizá algunas de nuestras transformaciones más importantes suceden precisamente cuando, desde afuera, parece que no estamos avanzando.

NO TODOS LOS DÍAS TIENEN QUE SER EXTRAORDINARIOS

Esta es una de las cosas que más cuesta aceptar.

Nos han enseñado a perseguir grandes momentos.

Grandes resultados.

Grandes cambios.

Grandes sueños.

Y sí, me encantan los grandes sueños.

Pero una vida no está formada solamente por días extraordinarios.

Está hecha, sobre todo, de días normales.

De desayunos.

De conversaciones.

De caminar.

De mirar por una ventana.

De regar una planta.

De leer unas páginas.

De llamar a alguien que queremos.

De acostarnos temprano porque estamos cansados.

Esos días que parecen pequeños también son nuestra vida.

No son el espacio entre los acontecimientos importantes.

Son el acontecimiento.

A VECES AVANZAR SIGNIFICA DETENERTE

Nos cuesta reconocerlo porque detenernos parece contrario a avanzar.

Pero no siempre.

Hay momentos en los que avanzar significa decir:

Hoy no puedo.

O:

Hoy no quiero.

O simplemente:

Hoy necesito descansar.

Eso no significa abandonar tus sueños.

No significa que hayas perdido disciplina.

No significa que mañana tampoco podrás.

Significa que estás escuchando algo que muchas veces ignoramos:

tu propio ritmo.

NO TE JUZGUES POR UN SOLO DÍA

Un día difícil no define una vida difícil.

Un día improductivo no te convierte en una persona improductiva.

Un día triste no significa que hayas perdido tu alegría.

Un día sin respuestas no significa que nunca las encontrarás.

Y un día en el que apenas pudiste levantarte no borra todos aquellos en los que moviste montañas.

Esto también es importante recordarlo cuando miramos a los demás.

No sabemos qué montaña está cargando la persona que tenemos enfrente.

Tal vez aquello que para nosotros parece pequeño fue su enorme victoria de ese día.

HOY PUEDE SER SUFICIENTE

Quizá hoy moverás una montaña.

Hazlo.

Disfruta esa energía.

Aprovéchala.

Celebra todo lo que seas capaz de construir.

Pero quizá hoy solamente tengas fuerzas para acostarte un rato sobre el pasto, mirar el cielo y respirar.

Hazlo también.

Sin culpa.

Sin compararte.

Sin pensar que estás quedándote atrás.

Porque mañana habrá otro día.

Y habrá nuevas montañas.

Pero no todas tienen que moverse hoy.

A veces la vida no te está pidiendo que seas fuerte.

No te está pidiendo resultados.

Ni siquiera te está pidiendo avanzar.

A veces solamente te está diciendo:

Quédate aquí un momento.

Respira.

Descansa.

Ya continuarás.

Porque aprender a vivir no consiste únicamente en saber cuándo luchar.

También consiste en reconocer cuándo necesitamos dejar de hacerlo.

Y comprender, finalmente, que ambos días forman parte del mismo camino.

Sé grande. Sé tú.

Soy Adriana Rodríguez tu mentora de Liderazgo Consciente.

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