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Nadie tiene equilibrio perfecto

NADIE TIENE EQUILIBRIO PERFECTO

Durante años nos han hablado del equilibrio como si fuera un lugar al que algún día llegaremos.

Equilibrio entre trabajo y vida.
Equilibrio entre familia y profesión.
Equilibrio entre cuidar a otros y cuidarnos.
Equilibrio entre hacer y descansar.

Y entonces intentamos conseguirlo.

Organizamos agendas.

Ponemos horarios.

Hacemos listas.

Aprendemos técnicas de productividad.

Decimos que ahora sí vamos a encontrar ese famoso balance.

Hasta que sucede la vida.

Y todo vuelve a moverse.

Quizá el problema no sea que todavía no aprendimos a equilibrarnos.

Quizá sea mucho más sencillo:

el equilibrio perfecto no existe.

LA VIDA NO ES UNA BALANZA

Hay semanas en las que el trabajo necesita más de ti.

Hay momentos en los que tu familia ocupa prácticamente todo.

Hay días para crear.

Otros para resolver.

Hay temporadas para viajar, construir, emprender y correr riesgos.

Y existen otras en las que el cuerpo, la mente o el corazón nos piden bajar el ritmo.

Pretender repartir nuestra energía exactamente igual entre todas las áreas de nuestra vida sería como caminar sobre una cuerda intentando permanecer completamente inmóviles.

Pero observa a un equilibrista.

No está inmóvil.

Su cuerpo hace pequeños ajustes constantemente.

Un poco hacia un lado.

Después hacia el otro.

Corrige.

Respira.

Continúa.

El equilibrio no es quietud. Es ajuste.

NO NECESITAS DARLE A TODO EL 100 %

Esta idea puede resultar liberadora.

No puedes darle el 100 % a tu trabajo, el 100 % a tu familia, el 100 % a tu pareja, el 100 % a tus amigos, el 100 % a tu salud y todavía reservar otro 100 % para ti.

Las matemáticas simplemente no funcionan.

Y, sin embargo, muchas personas viven intentando hacerlo.

El resultado suele ser culpa.

Cuando trabajan, sienten que deberían estar con la familia.

Cuando descansan, piensan en lo que deberían estar produciendo.

Cuando están con alguien, miran el teléfono.

Y cuando finalmente tienen un momento para ellas mismas, están demasiado cansadas para disfrutarlo.

Estamos en todas partes…

sin terminar de estar en ninguna.

QUIZÁ LA PREGUNTA SEA OTRA

En lugar de preguntarte:

¿Tengo mi vida perfectamente equilibrada?

Prueba con:

¿Qué necesita más de mí en este momento?

Eso cambia muchísimo.

Porque reconoce que nuestras prioridades pueden moverse.

Hoy quizá tu proyecto necesite atención.

Mañana será una persona que amas.

Otro día serás tú.

No todo lo importante tiene que recibir la misma cantidad de tiempo.

Pero sí necesita recibir presencia cuando le corresponde.

TAMBIÉN HAY QUE SABER DESEQUILIBRARSE

Esto me parece todavía más interesante.

Hay momentos en la vida en los que debemos elegir conscientemente el desequilibrio.

Escribir un libro puede requerir semanas de enorme concentración.

Crear una empresa puede exigir una temporada especialmente intensa.

Cuidar a alguien que amamos puede cambiar completamente nuestras prioridades.

Atravesar una pérdida puede hacer que aquello que ayer parecía urgente deje de importar.

No necesariamente estamos haciendo algo mal.

Estamos respondiendo a la vida que tenemos delante.

El problema aparece cuando algo que debía ser una temporada se convierte en nuestra manera permanente de vivir.

Trabajar intensamente durante un proyecto es una cosa.

Vivir durante veinte años sin tiempo para ti es otra.

EL CUERPO SIEMPRE SABE CUÁNDO NOS INCLINAMOS DEMASIADO

Antes de caer de una cuerda, probablemente empezamos a perder estabilidad.

En la vida también aparecen señales.

Irritabilidad.

Cansancio.

Desconexión.

Falta de entusiasmo.

Conversaciones que seguimos posponiendo.

Personas importantes a quienes dejamos de llamar.

Cosas que antes disfrutábamos y para las que ya nunca tenemos tiempo.

No siempre necesitamos transformar toda nuestra vida.

A veces basta con hacer un pequeño movimiento hacia el otro lado.

Dormir un poco más.

Cancelar algo.

Pedir ayuda.

Cerrar la computadora.

Salir a caminar.

Llamar a alguien.

Decir que no.

Volver a hacer algo que nos gustaba.

EQUILIBRIO ES SABER REGRESAR

Tal vez esa sea una definición mucho más humana del equilibrio.

No conseguir que absolutamente todo esté en su sitio.

Sino darnos cuenta cuando nos hemos alejado demasiado de nosotros mismos y saber regresar.

Habrá días extraordinariamente productivos.

Habrá días lentos.

Momentos de expansión.

Momentos de recogimiento.

Días en los que avanzaremos con seguridad.

Y otros en los que tendremos que extender los brazos, mirar hacia adelante y simplemente intentar dar el siguiente paso sin caernos.

Todos forman parte de la misma vida.

Por eso, cuando sientas que no consigues ese equilibrio perfecto que aparentemente todos los demás parecen tener, recuerda algo:

probablemente ellos tampoco lo tienen.

Nadie tiene equilibrio perfecto.

La verdadera habilidad está en aprender a sentir cuándo nos estamos inclinando demasiado hacia un lado…

hacer un pequeño ajuste…

y continuar caminando.

Porque vivir no consiste en permanecer perfectamente equilibrados sobre la cuerda.

Consiste en aprender a caminar sobre ella.

Sé grande. Sé tú.

Soy Adriana Rodríguez tu mentora de Liderazgo Consciente

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