Documentando mi testimonio con ORYGNtriGLP-Día 15
La cinta métrica, los cachetes y el misterio…
Hoy tuve una conversación muy seria con mi cinta métrica.
Después de varios días de sentirme menos inflamada, con más energía, menos hambre y viendo cambios en la ropa, decidí repetir todas mis medidas. Esta vez usando una cinta métrica de verdad y no la cinta de construcción de mi esposo, que parecía diseñada para medir edificios y no seres humanos.
Los resultados fueron interesantes.
Algunas medidas bajaron claramente. Otras parecían haber subido. Y entonces me di cuenta de algo muy importante: probablemente habíamos medido algunas zonas en lugares diferentes.
Porque seamos sinceros…
Si una mujer mide el muslo tres centímetros más arriba o más abajo, puede parecer que ganó o perdió varios centímetros de la noche a la mañana. Además, la primera vez la medi con la cinta de construcción de mi marido, o sea de metal.
La buena noticia es que hay algo que sí está coincidiendo perfectamente:
Las fotos.
Y las fotos no suelen mentir.
Cuando comparo mi fotografía de inicio con las de esta semana, veo menos inflamación en los cachetes, en el cuello y en los brazos. También lo veo en la ropa.

La blusa rosa que llevaba años sin poder usar volvió a entrar.
El vestido multicolor que compré por internet y que terminó castigado en el armario porque mis brazos no cabían, ahora entra.
Todavía no queda como para una alfombra roja en Cannes, pero ya salió del exilio textil.
Y eso merece celebración.
Otra evidencia científica de alto nivel es el famoso chocolate belga que vive en mi mesita de noche.
Antes de este experimento no habría sobrevivido ni cinco minutos.
Hoy lleva varios días observándome.
Yo lo observo a él.
Él me observa a mí.
Y ninguno de los dos hace el primer movimiento.
Nuestra relación atraviesa un momento de profunda madurez emocional.
Creo que hoy lo pongo en el congelador porque viajo a Holanda y no quiero animales en mi cuarto.
También sigo notando algo muy curioso.
Ya no pienso tanto en la comida.
Antes llegaba a un restaurante pensando qué iba a pedir, qué iba a comer después y qué postre iba a escoger.
Ahora me descubro observando a las personas, platicando con los meseros, disfrutando la conversación, viendo el entorno.
La comida sigue siendo agradable, pero dejó de ser el centro del universo.
Y para alguien que ha luchado tantos años con el peso, eso es un cambio enorme.
Hoy incluso me encontré haciendo algo que no lograba desde hace años: correr en la playa nuevamente.
No una maratón olímpica.
No se emocionen.
Pero sí correr.
Moverme con ganas.
Con energía.
Con alegría.
Y eso vale muchísimo más que cualquier número en una báscula.
Al final del día llegué a una conclusión.
Quizá todavía no sé exactamente cuántos kilos he perdido.
Quizá algunas medidas necesiten volver a tomarse.
Pero sé algo con certeza:
Mi cara está cambiando.
Mi ropa está cambiando.
Mi energía está cambiando.
Mi sueño está cambiando.
Mi relación con la comida está cambiando.
Y cuando tantas cosas empiezan a moverse en la misma dirección, normalmente significa que algo bueno está sucediendo.
Seguiremos observando.
La cinta métrica tendrá una segunda oportunidad.
Y el chocolate belga seguirá bajo vigilancia.

Por ahora, ambos permanecen en libertad condicional.
https://adrianabebig.orygn.co
Si quieres empezar a probar y sentir los beneficios que yo siento.
Gracias por leerme.
Nos vemos mañana.

— Adriana Rodríguez
