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Documentando mi testimonio con ORYGNtriGLP-Día 20

Que tal. Testimonio increíble de dormir. Cada día duermo mejor. Mi foto del día 20.

Si quieres empezar buscame y te veo del otro lado, sólo dale click a la liga:

https://adrianabebig.orygn.co

Pero sigue leyendo porque hoy tengo un super tema que nos interesa a TODOS.


El cuerpo no acumula grasa. Acumula expedientes.
(Y yo tenía un archivo más grande que el SAT)


Hay una cosa que nadie te dice cuando llevas años peleándote con tu cuerpo: que quizás no estás perdiendo una batalla de calorías. Estás cargando una caja de cartón llena de cosas que no son tuyas.

Yo lo entendí el día que una blusa cerró.

No el día que bajé X kilos, no el día que corrí más lejos en la playa. El día que una blusa que llevaba años mirándome con lástima desde el clóset simplemente… cerró. Y lo primero que pensé no fue «qué bien comí esta semana.» Fue «algo cambió por dentro.»

Y resulta que la ciencia, esa señora seria que uno cita para sonar inteligente en las reuniones, dice que tenía razón.


El sistema nervioso no sabe que ya pasó

Stephen Porges, neurocientífico de la Universidad de Indiana, desarrolló la Teoría Polivagal, que básicamente explica esto: tu sistema nervioso autónomo no distingue entre un peligro real y un recuerdo de peligro. Para él, todo es presente. Si creciste en un ambiente de estrés crónico, tu nervio vago —ese cable maestro que conecta cerebro con vísceras— se queda pegado en modo alerta. Para siempre. O hasta que alguien te enseña a desactivarlo.

¿Y qué hace un cuerpo en alerta crónica? Entre otras cosas, eleva el cortisol. Y el cortisol elevado de forma sostenida favorece la acumulación de grasa visceral, interfiere con la leptina (la hormona que dice «ya, para de comer») y mantiene la insulina bailando salsa cuando debería estar sentada.

No es falta de voluntad. Es neurobiología. Por qué no nos enseñan esto en la primaria. Es esencial.

Yo, que he acompañado de cerca el mundo del cuidado de personas con Alzheimer, sé perfectamente lo que es vivir con el sistema nervioso en llamas. El cuidado crónico tiene nombre científico: caregiver burden, y viene con inflamación sistémica de regalo. Gratis. Sin cupón de regreso.


El hambre que no es hambre

Aquí viene la parte que me voló la cabeza.

Hay investigación seria —Kent Berridge, Universidad de Michigan— que distingue entre wanting y liking: querer algo y disfrutarlo son circuitos cerebrales distintos. El dopaminérgico (el del antojo compulsivo) puede dispararse sin que haya hambre real, sin que haya placer real. Sólo urgencia.

Esa urgencia de comer que aparece de noche, que no es hambre sino algo que se le parece mucho, que llena un hueco que no tiene nombre en el estómago sino en otra parte… eso tiene una dirección de correo en el cerebro. Y no es el estómago quien manda el mensaje.

Cuando empecé con triGLP, lo primero que noté no fue que comía menos. Fue que ese ruido se apagó. Ese canal de fondo que siempre está transmitiendo «¿y si comes algo?» de repente hizo silencio. Y en ese silencio me di cuenta de cuánto espacio mental había ocupado durante años algo que yo creía que era apetito y resulta que era otra cosa completamente.


La epigenética, o cómo tu abuela vive en tus células

Esto sí que parece cuento pero es ciencia: la epigenética estudia cómo las experiencias dejan marcas químicas en el ADN que pueden transmitirse. No cambian los genes, pero sí cambian cuáles se expresan y cuáles se callan.

El gen OXTR —el del receptor de oxitocina, la hormona del vínculo y la calma— puede metilarse (apagarse, básicamente) por experiencias de estrés temprano. Lo que significa que literalmente puedes heredar una menor capacidad de sentirte segura, conectada, en calma.

No como metáfora. Como química.

Lo bueno: también hay investigación que muestra que estas marcas no son permanentes. El apapacho —y uso esa palabra completamente en serio— el contacto seguro, la regulación emocional sostenida, pueden revertir esas marcas. Tu biología no es tu destino, aunque sí es tu punto de partida.


Entonces, ¿qué hago con todo esto?

No te voy a decir que la respuesta es un suplemento, ni una dieta, ni correr en la playa descalza (aunque lo del earthing me tiene convencida y ya escribiré más sobre eso). Te digo lo que yo estoy aprendiendo:

Que a veces el cuerpo no necesita otro plan de alimentación. Necesita que le leas el expediente.

Que la inflamación crónica, el cortisol elevado, la leptina resistente, el nervio vago en modo guerra… todos tienen dirección. Y esa dirección a veces está en lo que pasó, no en lo que comiste.

Que sanar, en el sentido más literal y más biológico de la palabra, puede parecerse más a entender que a restringir.

La blusa lo sabía antes que yo.


¿Si, tú también cargas expedientes que no son tuyos? Cuéntame en los comentarios. Y si quieres explorar el triGLP desde este ángulo — no como dieta sino como herramienta de regulación — el link está en mi bio o aquí arriba.


Nos vemos mañana

Soy Adriana Rodríguez y estoy documentando toda mi experiencia con triGLP por 120 días y hoy es el día 20. Puedes empezar a leer desde el día 0 y aprender cosas nuevas para ti y tú equipo.

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